
Pude ver mas allá de lo que solía ver. Ya no lograba verte perfecto. Pude ver tus defectos y aceptarlos de manera inmediata, comprendiendo que la perfección no lo es todo y convirtiéndome en partidaria de la imperfección, algo humana e innegable que por fin había entendido. Conocí el verdadero sufrimiento, la interminable agonía, la humillación propia creada por mis actos y actitudes.

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